“Garbanzo de a libra” en la cartelera teatral
Sorprende el elenco en la obra “Los ojos abiertos de ella”
¿Qué ha de llegar primero? ¿La muerte o el próximo día? Partiendo de estas interrogantes, la dramaturga uruguaya Raquel Diana ha creado una arriesgada pieza teatral plena de imágenes oníricas y juegos escénicos que el director montevideano Nelson Cepeda Borba montó con gran éxito, en el auditorio del Olimpo, el pasado Festival de la Ciudad de Mérida.Controversial, reflexiva, entrañable, “Los ojos abiertos de ella” aborda la disyuntiva de una mujer que agoniza (Elena Larrea) y tiene que elegir entre el último suspiro o el amor del hombre de su vida.Diálogo-duelo entre esta dama en decadencia y su Don Juan inesperado (Alejandro Subirats), la obra cautiva desde la primera escena, cuando el espectador se enfrenta con las evocadoras fotografías de Patricia Martín proyectadas sobre lienzos blancos.Naturalidad Sorprende la naturalidad con la que los actores asumen sus roles en esta puesta en escena sobre un tema tan polémico. Elena Larrea ha logrado captar la esencia del personaje principal y es casi imposible no dolerse con su representación. Por su parte, Alejandro Subirats, desde sus primeros parlamentos, adopta sin tropiezos como suyo el seductor papel de la muerte.El trabajo de Cepeda Borba, apoyado por el talento de Tatiana Zugazagoitia (biomecánica de los actores), Mónica Costa (edición de vídeo), Carlos Cervera (iluminación) y Hernán Berny (música), remite al espectador al teatro del absurdo, donde la tragedia y la comedia chocan en una ilustración triste de la condición humana.Un acierto, sin duda, lo constituye la austera escenografía. Sólo una silla vanguardista y el blanco impecable de las cortinas con las que el director se aleja de esas pesadas cargas visuales que suelen revestir gran parte de las posmodernas puestas en escena. Así, la delicadeza del vestuario diseñado por Manuel Ek luce a tono con la belleza visual de la propuesta y culmina cuando la protagonista calza los zapatos rojos, el único golpe de color en medio de la blancura. Si es verdad que el teatro es capaz de hacer que la conciencia acceda a una exacta apreciación del destino, “Los ojos abiertos de ella” es una muestra admirable de ese teatro liberador que fomenta el pensamiento crítico, el gran ausente del siglo XXI. Y el trabajo que Cepeda nos regala ahora es, sin duda, muestra de la madurez que como director ha alcanzado.— Carlos Martín Briceño
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