domingo 25 de enero de 2009

Los ojos abiertos de ella... su gente.

Reparto: Elena Larrea es Ella Alejandro Subirats es Él Equipo técnico: Puesta en escena y dirección artística: Nelson Cepeda Borba Asistente de dirección: Gabriela Ávila Asesoría de proyecto: Raquel Fuente González Fotografía: Patricia Martín Briceño Diseño espacial: Patricia Martín y Nelson Cepeda Borba Biomecánica de movimiento: Tatiana Zugazagoitia. Diseño gráfico e Ilustración: Univ. Centro de Estudios de Las Américas Diseño sonoro: Nelson Cepeda Borba Edición de Vídeo: Mónica Costa Diseño de iluminación: Carlos Cervera Diseño de mobiliario y de utilería escénica: Nelson Cepeda Borba Diseño y Realización de vestuario: Ekmanuel Diseño de Maquillaje: Ilka Monforte

¡Vuelven! "Los ojos abiertos de ella"

Nuevamente "Los ojos abiertos de ella"en Mérida.
Si es verdad que el teatro es capaz de hacer que la conciencia acceda a una exacta apreciación del destino, Los ojos abiertos de ella es una muestra admirable de ese teatro liberador que fomenta el pensamiento crítico, el gran ausente del siglo XXI. Es la dramaturga uruguaya Raquel Diana ha creado una brillante y arriesgada pieza teatral plena de imágenes oníricas y juegos escénicos que, por momentos, remite al espectador al teatro del absurdo, aquel donde la tragedia y la comedia chocan en una ilustración triste de la condición humana. Carlos Martín Briceño.
Un día, sin razón alguna, sin que importantes científicos consultados afirmaran más que la ausencia total de explicación, algo explotó dentro de mi cabeza. He sobrevivido sin mayores consecuencias dolorosas. Así que puedo afirmar que lo verdaderamente temible no es `la muerte`, sino `las muertes`, esas que cada día se nos llevan un pedazo, montadas en la resignación, la cobardía o la desilusión.
Raquel Diana.

domingo 18 de enero de 2009

Umbrales

El próximo 13 de enero en el Teatro Tiovivo de Mérida UMBRALES, METÁFORA REPRESENTATIVA SOBRE LAS DIVERSAS TRANSFORMACIONES DEL SER HUMANO José Lara Mérida, Yucatán.- En el montaje Umbrales, un útero imaginario sirve como metáfora para representar lo que el ser humano experimenta ante las diferentes transformaciones que le acontecen y que se manifiestan a través de decisiones, de las diferentes edades y los ciclos de la vida. Nelson Cepeda Borba, director y Teresita Galimany, dramaturga, son autores de esta propuesta donde X y Y se debaten ante el impostergable momento de la mudanza. La vida se construye al cruzar sus diferentes umbrales, propone el montaje. Cruzar, dar el paso siguiente, seguir, pasar, dejar atrás para trascender es un acto que duele porque lo vivido ya se ha agotado. Así lo muestran ambos personajes cuya sicología ofrece varias lecturas: prenatales a punto de abandonar el útero donde experimentaron su primera eternidad, la joven pareja humana en el doloroso momento de la separación y los ancianos que después de compartir toda una vida se hallan ante el lecho de muerte. "Ya casi vivimos todo el mundo", dice X quien está dispuesta aunque temerosa al cambio, y a la vez da sentido al porvenir desde el plano de la acción y la memoria: "Precisamos de misterios, voces y recuerdos para cuando vayamos a otra parte". En cambio, Y se muestra pasivo, conforme con su realidad que vive con tranquilidad y obediencia. Él no necesita de recuerdos porque todo lo deja en el "altar del silencio" donde la verdad, que está confinada al olvido, no creará ningún fermento. "Cuando me vacíe algo terrible va a pasar y será tu culpa por llamar al olvido", reprocha ella mientras que él asume su verdad como un sueño de Dios, en el que la idea de ser mortal es una mentira. Umbrales es una obra modesta, desarrollada con los elementos necesarios, los cuales en ningún momento restan calidad ni creatividad al esfuerzo del equipo dirigido por Nelson Cepeda. La musicalización está a cargo de León Enríquez, artista sonoro y uno de los más prolíficos dj´s que existen dentro de la escena de la música electrónica en la capital meridana. Para este proyecto, Enríquez echó mano de los paisajes sonoros, donde confluyen latidos del corazón, sonidos del ambiente cotidiano y del mar para motivar la experiencia auditiva del montaje. Por su parte, la artista visual Vanessa Rivero es la responsable del diseño escenográfico, propuesta que desarrolló en tela y en la que el lenguaje se descifra mediante la conjugación de imágenes que aluden a algunos órganos visuales con conceptos como verdad, muerte, vida, Dios, umbrales. La iluminación está a cargo de Luis Manuel Aguilar y el diseño de vestuario es de Leticia Achach Dájer de Dájer. Actúan Sandra Paloma Avendaño y Juan Manuel Coral, todos ellos talentosos jóvenes creadores en activo según su disciplina. Intimista, que a veces trasciende de un plano cotidiano para llegar a lo metafísico, Umbrales también recuerda esos viejos mitos que revelan la naturaleza de la mujer y el hombre. De pronto uno se mira en la Caverna de Platón ante las sombras de lo desconocido que proyecta el exterior, a veces en el Jardín del Edén en el pasaje de la tentación de Eva a Adán, y ante el andrógino que después de ser separado en hombre y mujer se encuentra desesperado para unirse, reconocerse y comprenderse a través del otro, en un acto de amor.Umbrales se estrenará el viernes 13 de enero a las 19:00 y 21:00 horas en el Teatro Tiovivo ubicado en calle 18, número 71 x 9 colonia México Norte. Las funciones son parte de la programación del 2º Festival Internacional de las Artes. Mérida capital cultural.

sábado 17 de enero de 2009

Tormento... el misterio de un amor.

23 de enero de 2008 Ricardo E. Tatto En el marco de las actividades por el Festival de la Ciudad, se presentó la obra de teatro-ópera “Tormento… el misterio de un amor”, escrita y dirigida por Nelson Cepeda Borba, en el auditorio del Olimpo. La función se llevó a cabo el viernes 18 de enero a las 9PM, ante un teatro lleno hasta el tope.La trama versó sobre Gilda (Silvia Káter), quien padece un mal de amores debido al aciago recuerdo de Antonio, un cantante de ópera que se inspiraba en las voces de los artistas de su tiempo para crear su propia inspiración a la hora de cantar.La obra comienza con Gilda, quien se lamenta de la ausencia del amado, y expía ante nosotros los frutos podridos de su dolor interno, siempre al borde de las lágrimas, manifestando a través de las palabras, suyas y prestadas, que lee sin cesar desde un libro de los múltiples que tiene apilados, tal vez para sepultar su desamor bajo un aluvión de tinta.Entre sus agrias remembranzas, episodios borrosos y fantasmales del pasado comienzan a corporizarse bajo la forma de fragmentos de famosas óperas, tales como La Boheme, Werther, Lakme y Los cuentos de Hoffman. Esos recuerdos fueron interpretados por las sopranos Mía Monforte y Patricia Achach.A su vez, el tenor Hugo Pinto interpretó a Antonio Franccela, el responsable de los patéticos suspiros de Gilda. Él a su vez, nos cantó el relato de sus amores fallidos. La obra es mínima en textos, confiando en lo visceral de las emociones, que sin duda fueron despertadas por la música, siendo que para algunos entendidos ya forma parte de su bagaje cultural y de su imaginario colectivo, por lo que mayores explicaciones no fueron necesarias.Si embargo, precisamente ahí radica el único reproche que le podría hacer a esta puesta en escena, ya que no todo el público está familiarizado con estos amores trágicos operísticos, y esto, aunado a la ausencia de textos referenciales durante los diálogos, llega a confundir al espectador según algunos comentarios que escuché a la salida.Debo admitir que ante el lirismo desplegado, por momentos yo igual perdí el hilo de la historia, por lo que en muchos casos el público se limitó a disfrutar de las maravillosas voces de las sopranos o del tenor, provocando una inmersión superficial en la historia.Fue un buen intento de mezclar dos formas de la representación escénica en una sola, y si bien fue rica en emociones, la historia quedó un poco de lado ante la calidad musical desplegada. Al menos Mia Monforte en su intervención provocó que los ojos se me anegaran, pero sin llegar a derramarse.También Patricia Achach y Hugo Pinto estuvieron a la altura, al menos en lo vocal. No obstante, Pinto evidenció una pobre actuación, comprensible siendo que no es un actor profesional sino un tenor. Aún así, sus palabras sonaron huecas, sin vida, lo cual debe ser subsanado con ensayos para las futuras presentaciones.Silvia Káter estuvo a la altura, aunque por momentos su dramatismo me pareció exagerado; el romanticismo llevado demasiado lejos puede romper la delgada línea entre lo verosímil y lo sobreactuado. Tal vez emular los gestos operísticos era la intención, pero su traslación al teatro no es igual.Al piano, Alberto Álvarez fungió como invitado. Los vestuarios fueron de Manuel Ek ,Maquillaje Ilka Monforte y el diseño sonoro de Pepe Molina. La escenografía fue muy buena, contribuyendo a realzar ese entorno tétrico de delirio desaforado, la tristeza enmarcada en un ambiente otoñal. En el programa no se señala de quien fue el diseño.En definitiva vale la pena ir a ver esta puesta en escena, sobre todo por el talento inmiscuido en esta obra, que esperamos sea repuesta prontamente, ya sin asperezas.