domingo 10 de octubre de 2010

Nuestras Señora de las nubes en Mérida- Yucatán.


 
TEATRO: A VECES HAY QUE MIRAR LO QUE SE HACE AFUERA.

Salvador Lemis (CINEY)

Con el estreno de Teatro “Borba” bajo la conducción de Nelson Cepeda llega la obra “Nuestra Señora de las Nubes”, del autor Arístides Vargas (argentino, actual director de “Malayerba” en Ecuador). Con la interpretación de Alejandra Argoytia y Miguel Ángel Canto, quienes a través de un universo lúdico, van reconstruyendo ante nuestros ojos la historia cierta-incierta de dos y más personajes (18) que “narran” su relación con una fábula inventada para sobrevivir desde un “país imaginario” y para conformar al “Otro” desde sí.

Hay ecos de Macondo y Comala en el pueblo de Nuestra Señora. El realismo mágico, lo real maravilloso latinoamericano, el no realismo, la posmodernidad, el trabajo de la imago, la poesía en acción, van contribuyendo a que se logre el hechizo donde cada quien hace múltiples lecturas de un texto riquísimo en analogías sobre la realidad de cualquiera de nuestros atormentados países.

Nelson Cepeda (Uruguay) recién acaba de participar con “Los ojos abiertos de ella”, de Raquel Diana, en el 13 Festival Internacional de Teatro de La Habana. Entrevistado para el programa ciber-radial “Presencia Escénica: ESAY” para Radio Educación, comentaba vivamente que el contacto que tuvo con varios directores de moda del mundo entero y ver diversos espectáculos extraordinarios, le había “cambiado el rumbo” y le había sacudido del musgo provincial que impera cuando todos creen que lo están haciendo bien y sin embargo, pueden repetir esquemas con atraso desde esquemas de los años 40’s, 50’s y 80’s del pasado siglo. No hay sitio más factible para formar un pantano que el medio artístico, cuando no se quiere dialogar con extramuros en propuestas artísticas teatrales renovadoras. Próximamente se realizará aquí, con la coordinación de Raquel Araújo, un evento de Iberoescena que integrará voces que llegan de otras culturas allende el mar y que significará un oasis de contribución a lo creativo del patio.

Rezan las notas al Programa que se trata de “un grito de libertad, una invitación a no olvidar, a tener conciencia hasta de cuándo y por qué debemos callar o gritar.” Y de todo eso y de mucho más trata, porque es un modo de lanzar saetas tras una avalancha de reflexiones que nos obligan a relacionar recuerdos y vivencias, maltratos e ilusiones, anhelos y fracasos cotidianos. La obra es cien por ciento recomendable y gustará a públicos diversos, porque tiene todos los ingredientes para llegar al alma y para desnudar conciencias y replantear marginaciones.

Han sido artistas invitados María San Felipe y Gabriel Moreno Roche, quienes aportan su exquisitez desde las sonoridades. También Roberto Ortega, Ekmanuel, Gabriel Orozco y Miguel Villazuzo complementan con su talento el acto. Todo en el espacio alternativo de “Tíovivo”.

La dramaturga Elena Novelo –muy precisa- reflexiona: “¿De qué otra manera sino a través del arte se puede sublimar la catástrofe del exilio? La obra es una poética de inconformidad contra un Estado que absorbe la expresión de un anhelo de libertad, para alzar la voz ante la vida tiranizada de un país imaginario, que se apaga y se paga con el destierro. Nos muestra también que el exilio y la discriminación tienen diversas formas, aún en casa y propiciadas por nuestra misma gente.” Dice Argoytia como Bruna: “A menudo he visto a los hombres tratar las bestias como les tratan a ellos otros hombres; si algún día las cosas cambian, los hombres y las bestias comerán de la misma mesa.”

Alejandra Argoytia está extraordinaria, como cuando interpretó a Grace Frick y triunfó en el Festival Internacional de Teatro de Los Ángeles, USA. Resalta una gran actriz que no anda extraviada en sus difíciles papeles de Bruna, Irma, la esposa del Gobernador, Ángela, Soledad, Alicia y la inolvidable Abuela Josefa. Precisión, muestras palpables de ser una intérprete estudiosa a nivel de sub-unidades de significado y guiños inteligentes, entrenada, actualizada, afinada en sus textos, creíble, acertada en los tonos, consecuente con los rasgos pertinentes de cada rol, magnífica transformista en este juego surreal. Miguel Ángel Canto tiene la frescura con que acomete el acto escénico, simpatía, gozo, interacción con su contraparte, flexible y preciso también. Debe atender varios tonos y que logre afinar más su destreza corporal con la pertinencia de su diálogo. No reiterar. Pero ambos se complementan perfectamente y alcanzan momentos sublimes desde este difícil arte del teatro-arena.

La dirección de Nelson Cepeda ya ha hallado cauces precisos, complejos y disfrutables. Ha logrado conformar una secreta polifonía de significaciones que dan unidad y coherencia al concepto de puesta en escena. Ya muestra una voz mayor, más aplicada en el terreno de cuestionarse cómo quiere contar -en “imagen contemporánea”- lo que siempre ha tenido claro desde el silencio intelectual e inquietudes personales. Ojalá revise la estructura general de la puesta para que no se exceda con tantos falsos finales que retrasan el cierre y agotan al espectador. La Belleza, si se desborda del cauce metafísico que se esfuerza por contenerla, pierde su esencia. Es mejor transar con el crítico interior y podar el jardín de ideas y plasmaciones. Ya el navegante Borba ha hallado su brújula en el océano inquietante de las precisiones y los desaciertos que pululan en nuestra escena actual. Que no la pierda y que busque también un ovillo de lana para seguir por el laberinto de Nuestra Señora de Mérida./