sábado 13 de agosto de 2011

Duermevela del Quijote... Por Raúl H Lugo



Duermevela es una hermosa palabra. El Diccionario la define así: sueño ligero en que se haya el que está dormitando y también sueño fatigoso y frecuentemente interrumpido. Es una palabra hermosa porque combina sueño y vigilia, como si fuera posible un estado intermedio: no está uno dormido del todo, pero tampoco puede decirse que esté uno despierto. En este sentido, se trata de una palabra de esas que combinan en sí dos estados distintos, como claroscuro o rojinegro.
Esa es justamente la sensación que me embargó al presenciar la puesta en escena de La Razón Blindada, de Arístides Vargas, el argentino avecindado en Ecuador que ha escrito otras muchas obras de teatro. Conocía ya al dramaturgo por la puesta en escena, emotiva y rigurosa, de su obra Nuestra Señora de las Nubes, una deliciosa y poética pieza sobre el exilio, la otredad y sus derivaciones que tan buen sabor de boca dejó en su montaje local.
El pasado 12 de abril, en una entrevista ofrecida al periódico argentino La Nación, el dramaturgo hizo algunos comentarios sobre La Razón Blindada. En dicha entrevista revela que la composición de la obra se debe a un encuentro organizado en España por la Casa de las Américas y por el Festival de Teatro Clásico de Almagro, para el cual se pidió un ejercicio en torno al Quijote y Sancho Panza. Dice el también actor y director, que en el momento de la convocatoria se encontraba visitando la municipalidad de Trelew, Provincia de Chubut, en la República Argentina, reconstruyendo el viaje que su padre tuvo que hacer para poder visitar a su hijo, hermano de Arístides, que estaba preso en la ciudad de Rawson en tiempos de la dictadura militar.
Arístides Vargas tuvo que huir del país en aquellos aciagos años de la dictadura, década de los 70. Fue considerado altamente peligroso cuando, como él mismo señala, “no había hecho otra cosa que obras de teatro”. Su familia fue duramente golpeada y él tuvo que salir del país para radicarse, después de algunos años de recorrer distintos países, en Quito, Ecuador. El recuerdo de su hermano preso y la convocatoria de la Casa de las Américas fueron la afortunada coincidencia que generó la obra La Razón Blindada, en la que dos presos políticos, presionados por circunstancias emocionales y físicas, se reúnen para representar pasajes del Quijote conservados en la memoria, rehechos de acuerdo con sus actuales circunstancias de confinamiento, en una especie de hermenéutica circular apenas interrumpida por las luces que, amenazadoras, cortaban de tajo el lúdico intercambio.
La actuación de Miguel Ángel Canto y Sebastián Liera, moderada por la precisa dirección de Nelson Cepeda, el director uruguayo que tantas cosas buenas ha venido a hacer a nuestro terruño yucateco, es simplemente magnífica. El texto de la obra va y viene en un ejercicio en que la duermevela o el claroscuro se sitúa en el confín de la razón y la cordura. La Razón Blindada es un ejercicio en el que se entrecruzan lucidez y locura, donde el texto del Quijote funciona como catalizador de los sueños y esperanzas de estos dos hombres recluidos, uno ya no sabe si en una prisión o en un manicomio (de cualquier manera, no suele haber mucha diferencia entre ambos).
Una puesta en escena impecable, que ofrece lo mejor que puede ofrecer el teatro: plantear preguntas, dejar al espectador pensando, reflexionando, hurgando entre sus propios sentimientos. Un texto bueno, una actuación y una dirección espléndidas, un espacio íntimo y novedoso que ofrece una singular cercanía del público con los actores… sólo hizo falta, para redondear la noche, el aire acondicionado, que en este mes en que la península se convierte en un comal ardiente, se antoja indispensable para actores y espectadores.