En el Quijote, nos dicen los que saben, Cervantes creó en la cárcel al personaje literario que sabemos es el abanderado por antonomasia de la justicia y la libertad; para contarnos sus historias, creó a su vez a Cide Hamete Benengeli, le pidió que llevará la voz narrativa y llegaron a nosotras, a nosotros, las aventuras de aquél ingenioso hidalgo que se hacía acompañar por su fiel y ocurrente escudero. Cuatro siglos después, Arístides Vargas tomó prestados a los dos personajes cervantinos y fizo de uno de ellos, Panza, al personaje que juega el rol de voz narrativa para contarnos una historia cuyo delirio debe de ser blindado cada domingo mediante la creación de otro personaje, De la Mancha, para poder resistir el encierro que padece.
Juego de espejos, de teatro dentro del teatro, no sabemos si Panza está en un manicomio y su De la Mancha lo visita cada semana como producto de una patología esquizofrénica o si está preso y crea a De la Mancha para blindar su silencio y sobrevivir a la humillación, la tortura, la soledad… no lo sabemos; pero no importa. Arístides Vargas le da una vuelta de tuerca a la historia cervantina para poner la lupa en uno de los detalles más revolucionarios de la novela del Quijote: el verdadero héroe no es el señor que debido a la locura va por los caminos desfaçiendo entuertos cual caballero andante; sino su humilde siervo, el hombre del pueblo que de tanto acompañarlo terminará convertido y convencido de la importancia de la tarea libertaria de su señor.
La razón blindada es, pues, un canto de libertad. A esa libertad que no hace mucho tiempo tenía junto con la justicia un sitial fundamental en los programas e idearios de las izquierdas, hasta que el pragmatismo político las desechó para adoptar en su lugar la doctrina de pax y orden que caracteriza al discurso y la praxis de las derechas. Esas derechas que se dicen campeonas de una democracia que cierra los ojos ante el saqueo y la miseria que el capitalismo provoca en África, ante las libertades conculcadas por los gobiernos autoritarios en Oriente Próximo y Lejano, ante el desprecio y la intolerancia aparejadas a los neonazismos que vuelven por sus reales en la vieja Europa, ante el intervencionismo estadunidense que en nombre de la “guerra contra el narcotráfico” y la “lucha antiterrorista” en América Latina dicta el son al que deben bailar los gobiernos del hemisferio so pena de embargos, bloqueos y otras medidas “disuasorias”.
No es extraño entonces que Nelson Cepeda haga como Arístides Vargas y tomando a La razón blindada por adarga le dé a su vez otra vuelta de tuerca a la historia cervantina para apuntar con la doble lanza de la palabra y el cuerpo contra la contradicción más criminal del de por sí criminal modelo de producción capitalista: las fronteras nacionales, con su porosidad frente a capitales y mercancías, por un lado, y sus muros de acero y concreto de cara a los seres humanos, por el otro. La prisión como estación última del que emprendió el viaje a Ítaca y cometió el grave delito de buscar sobrevivir a las condiciones de miseria que el capitalismo ha provocado en su país de origen. Honrar no sólo al preso político de las dictaduras del Siglo 20; sino, también, al preso económico de la dictadura global del Siglo 21 y poder ir, con Vargas y Cervantes de la mano, en pos del “triunfo de la aventura humana sobre la mediocridad, la estupidez y el cerco.”
Sebastián Liera.
La razón Blindada
Autor: Arístides Vargas
Dirección Artística- Nelson Cepeda.
Dramaturgia- Salvador Lemis.
REPARTO
Sebastián Liera es De la Mancha
Miguel Ángel Canto es Don Panza
EQUIPO CREATIVO
Diseño de vestuario: Borba Teatro
Diseño sonoro: Gabriel Moreno
Diseño de Iluminación: Gabriel Orozco.
Realización de vestuario: Trinidad Suarez
Utilería Escénica: Jair Zapata
Fotografía: Patricia Martín
Realización escenográfica: Rigel Sauri.
Asesoría técnica de proyecto: Ana Ceballos
Producción y dirección artística: Nelson Carlos Cepeda Borba

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